¿QUIÉN NOS DEFIENDE?

El diario El Mundo publica hoy una pequeña entrevista con Manuel Castellano Piccirilli, Presidente de la Asociación de Abogados de Víctimas de Accidentes y Responsabilidad Civil, (ANAVA-RC). En ella explica el trabajo que realiza la asociación y a través de qué medios defiende a sus asociados. Medios que no son otros que el A-B-C de las estrategias de lobby: búsqueda de aliados, elaboración de argumentarios e interlocución institucional.

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Recorte extraído de el diario El Mundo. Por UE Studio.

El titular es perfecto para el propósito de este blog y representa fielmente la razón de ser de un grupo de presión: “¿Quién defiende a las víctimas de los accidentes de coche?”.

Cuestión de percepciones

Tenía algo abandonado este blog por falta de tiempo, pero lo retomo desde la capital del lobby europeo, Bruselas, que seguro me inspirará contenidos.

Leyendo hoy esta información, me doy cuenta que solemos relacionar el concepto de “representación de intereses” unicamente con los económicos o más concretamente con el incremento de los beneficios económicos para tal o cual sector.  Y así es, puesto que también esos intereses deben ser representados siempre de forma transparente y de acuerdo a las normas que poco a poco se están configurando también en nuestro país.

Sin embargo, sigue existiendo un doble compartimento en el cerebro colectivo que distingue entre:

Acciones de lobby: aquellas que representan exclusivamente intereses económicos

Legítima defensa de intereses: las vinculadas a causas sociales.

Así, elogiamos la unión de despachos de abogados que defienden a las víctimas de accidentes de tráfico en su empeño por mejorar la legislación y blindar al perjudicado, mientras que denominamos “el lobby de los productores de X” a la unión de profesionales que tratan de defender su industria.

El lobby no es la causa

La cuestión es: pueden criticarse los argumentos que se utilizan para defender una causa o incluso detestarla, pero eso no debe servir para demonizar el lobby. Mi propuesta es que ese cerebro colectivo compartimente el lobby en un lugar diferente al de la causa que representa. Critiquemos o elogiemos lo que se defiende, pero no el uso de herramientas que sirven para exponer la situación.

Sólo desde esta óptica la democracia será más fuerte y todos podremos estar orgullosos de tener quién nos defienda.

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