Las acciones de representación de intereses – el lobby – han sido fuente recurrente de informaciones periodísticas desde siempre en nuestro país. Aunque el tag “sombra” sigue yendo de la mano, últimamente podemos advertir cierto cambio de tendencia. Por eso me planteo una duda:

¿Está haciendo un buen lobby el lobby para que se regule el lobby en España?

En una sencilla búsqueda en Google podemos comprobar cómo en la primera página se puede acceder al menos 6 entradas de distintas informaciones en las que se relaciona las prácticas lobistas con la oscuridad, la opacidad, la sombra.

El diario ABC publicó el pasado año “Los lobbies la influencia en la sombra”, la Web de rtve “Lobbies y UE: perfilando el poder en la sombra”, incluso Jordi Ébole dedicó un Salvados al tema: “Lobbies, el poder en la sombra”. El último ha sido el artículo publicado por María Hernández para el Suplemento Mercados de El Mundo: Lobbies”, el poder en la sombra, una información bastante completa en la que se incluyen opiniones de distintos profesionales y se da una imagen, me atrevería a decir, que incluso positiva del sector. De hecho, puede comprobarse cómo a lo largo de los años, los medios de nuestro país han evolucionado y aunque sin perder la esencia “oscura” en sus crónicas sobre las prácticas lobistas, ofrecen una visión más amplia de lo que aportan a nuestra democracia.

Y la explicación más evidente es una: Ya tienen profesionales a los que entrevistar.

Pero ¿Por qué ahora?

Por un lado, hasta no hace mucho, pocos reconocían hacer lobby de forma explícita ya que básicamente eran las grandes corporaciones las que podían permitirse disponer de un área de Relaciones Públicas que encabezaba alguna cara conocida de la política nacional.

Por otro, muchos lobistas no sabían que lo eran: Las asociaciones de consumidores, las ONGs, los representantes de los trabajadores, las organizaciones feministas… llevan trabajando para defender sus respectivos intereses desde su propia constitución. Sin embargo, nunca se han identificado con la práctica del lobby por la connotación negativa que implica el término que creían podría perjudicarles en la defensa de sus intereses.

Pero ¿Y qué más da? En principio a los lobistas les da igual que su trabajo esté bien o mal visto por la opinión pública. Saben que siempre que cualquiera necesite que sus intereses sean defendidos ante el legislador acudirán a ellos –sin hacerlo público, eso sí- si le resulta imposible hacerlo por sí mismo. Entonces, ¿por qué desgañitarse organizando foros, debates, escribiendo artículos, incluso ensayos sobre la necesaria regulación del lobby en España?

La respuesta es sencilla: Para crecer, para mejorar, para competir. Sólo cuando exista una regulación TRANSPARENTE del Advocacy, se podrá trabajar en igualdad de condiciones con las grandes firmas desplegadas en Bruselas o Washington; los posibles clientes, podrán comparar de forma sencilla la calidad de los servicios que presta cada uno ya que será pública la impronta de cada cual en el proceso legislativo; el trabajo a desarrollar mejorará cuando los lawmakers no sientan recelos por entrevistarse con lobistas que hablan en representación de otros; etc.

El lobby para regular el lobby profesional en España se está haciendo bien. Es un proceso lento y han sido necesarios cambios generacionales, un mayor desarrollo de la internacionalización de nuestras empresas y una sociedad más interesada en participar en lo público, pero parece que el paradigma comienza a cambiar.

Ahora sólo queda un reto: Que lobby y sombra dejen de ser sinónimos.

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